Enorme triunfo de Estudiantes 1-0 contra San Lorenzo con un golazo de Román Martinez cuando faltaban poco más de 10 minutos para que termine el partido.
El equipo fue nuevamente de mayor a menor, tuvo un primer tiempo activo, con iniciativa para buscar el arco rival, aunque sin tanta profundidad. Lamentablemente tuvimos dos cambios por lesiones que limitaron muchísimo el planteo del segundo tiempo, entró Zapata por la Gata y luego salió el Colombiano e ingresó Auzqui.
La modificación en defensa fue positiva, con Angeleri como líbero, de esa manera le da más seguridad a Desábato y Ré, de enorme partido. Villar no tuvo fallas, salió bien y no dio rebotes en una cancha rápida pero que aguanto de manera impecable.
Tenemos que seguir mejorando, en ataque nos falta asociarnos y buscar jugadas colectivas, pero igual es importante el sacrificio y trabajo de Nuñez, Martinez y Carrillo, buen partido de Guido que la aguantó y buscó hasta el final corriendo en esa cancha gigante.
Buen armado del equipo por parte de Cagna, inteligente en el planteo defensivo (no nos llegaron) y con reflejos para los cambios. Seis puntos de nueve, buen comienzo de temporada para ganar confianza y trabajar en tranquilidad durante la semana.
18 de agosto de 1996, ya pasaron 16 años. Era un domingo fresco pero soleado, de
los que te seducen a ir a patear un rato, bien
abrigado, al parque Saavedra. Sin embargo esa tarde jugaba Estudiantes.
Ese día almorzamos más temprano que de costumbre, y rajamos para la cancha con mi viejo y mis hermanos.
En el auto no se hablaba: cada uno sobrellevaba la situación como podía. Hacía
una semana que la misma pregunta retumbaba en la cabeza de los cuatro: ¿Y si
nos dan la vuelta en la cara? 109 años de amargura, sin salir campeones, y se
venía a dar esa chance. Justo contra
nosotros, y en casa.
Estacionamos en el lugar de siempre, en la esquina que
confluyen el diagonal 78 y calle 55, y encaramos para la cancha. Pasamos los
cacheos policiales, y con la voz del estadio de fondo, entramos a la tribuna de
55. Caminamos todo por el borde del alambrado hasta llegar a la ochava que
estaba respaldada por el enorme pino del predio.
Subimos algunos escalones, y
nos sentamos sobre un tablón que tenía paraavalanchas. Recién ahí levanté
la vista y aprecié el panorama general: todavía faltaba una hora y media para
que arrancara el partido y la cancha estaba en un 70% completa. Respiré hondo,
y ese olor tan particular mezcla de los choripanes asándose y de muchedumbre amontonada,
me tranquilizó. Era sólo un partido de fútbol, y encima contra los pingüinos.
El año pasado casi que se les daba, pero San Mazzoni los vacunó, y a guardar
los petardos. Este año, de vuelta la misma historia. ¡Qué fixture de mierda!
¿Quién iba a creer que llegarían a la última fecha con chances?
Llegaron los bombos y las trompetas, y arrancó la fiesta. La
parte que más me gustaba: la previa. Lindo momento para bajar la tensión y
nerviosismo. Entre canto y canto, se hizo la hora del partido. La cancha
explotaba. Salieron los equipos y una lluvia de papelitos y serpentinas cubrió
el campo de juego. Ya no se oían las publicidades que emanaban de los
altoparlantes. Una cabellera platinada me llamó la atención. Era Martín, que
junto con el mellizo y Castrilli de por medio, definían quién sacaba. El resto
de los jugadores se movían y elongaban a la espera del arranque del partido.
Lo viví como si fuera el último de mi vida. Ya me había
tocado soportar un descenso, pero esto era demasiado. Había que ganar como
sea. El encuentro había arrancado
cerrado, con pocos espacios, típico clásico en que ambos equipos se juegan
mucho. Pero vino ese córner, la pelota quedó bollando en el área, y el Rulo
Paris la mandó a guardar. Se desató el delirio. De ahí en más no paramos de alentar.
Terminó el primer tiempo y disfrutábamos de la frustración de los primos.
Ni el gol del empate del Pampa Sosa podía revertir la
situación. Mi viejo, que tenía prendido un auricular a la oreja, nos ponía al
tanto de cómo venía la mano en el Amalfitani. Vélez e Independiente empataban 0
a 0, y el campeón era el conjunto de Liniers. Cuando Castrilli señaló la mitad
de la cancha, nos abrazamos todos. Con mis hermanos y con los que tenía la
lado. Todo el estadio rugía el “¡que de la mano, de Timoteo, otros cien años van a
esperar!” mientras los primos bajaban los
escalones, y si retiraban cabizbajos, como hacía un año, como hacía 109.
Frases hechas si las hay, pero no por eso dejan de ser ciertas. Gran triunfo de la Argentina de Sabella ante Alemania de visitante por 3-1, aunque obviamente debemos contextualizar el partido.
Se trata de un amistoso importante ante una de las mejores selecciones del mundo, mientras que Argentina todavía es un equipo en formación.
Aun así se ven notorios avances en el juego, la parte ofensiva es letal con un Messi que lleva 8 goles en 4 partidos en 2012, y contra rivales de jerarquía, cierta parte del periodismo y menottismo nunca lo reconocerá, pero este presente de la Pulga es 90% mérito del Magno. Para los que minimizan la victoria porque el rival jugó con 10, vale la pena recordar que tuvo uno menos porque hizo un penal guarango que evitó el primer gol argentino.
Emociona ver tantos pinchas representando a la selección nacional: Rojo, Sosa, Fede Fernández, el Chapu, Andujar! De más está decir que se debe seguir trabajando con humildad, sabiendo que no ganamos absolutamente nada (como diría Chilavert!) y que debemos mantener el compromiso y el sacrificio como nuestras banderas para lo que viene.
Nada mejor que ganar, el 2012 hasta ahora fue positivo para la Selección, llevamos 5 victorias consecutivas, algo que sin dudas genera confianza y motiva a los jugadores de cara a los próximos compromisos que tiene la Selección por Eliminatorias.