Acorde a la reglamentación vigente en aquella época, el
campeón de la última edición comenzaba a participar de la Copa en semifinales. En esta instancia, el León enfrentó a la
Universidad de Chile y ganó ambos partidos de la serie por 3 a 1. En la final,
le tocaría enfrentar a Nacional de Uruguay, que ya contaba en su haber con dos
finales perdidas en 1964 y 1967.
El primer partido se jugó en el estadio Centenario de
Montevideo, y allí Estudiantes ganó 1 a 0 con gol de Eduardo Flores. En la
revancha disputada en La Plata, el Pincha volvería a triunfar 2 a 0 con otro
gol del Bocha Flores y el restante de Conigliaro, arruinando por tercera vez la
chance de Nacional de alzar la Copa.
Estudiantes revalidaba el título obtenido en 1968, y no
abandonaba los primeros planos del fútbol internacional. Hasta ese entonces no
había perdido una sola final (campeón en la Libertadores e Intercontinental ’68, Interamericana y
Libertadores ‘69). Esta vez lo conseguía
de forma invicta: ganó sus cuatro partidos, y encima, se daba el lujo de
festejar de local con sus hinchas. Hace 43 años, Estudiantes deslumbraba a
todos con sus logros.


