Nota de Roman Iutch en La Nación.com
ESTUDIANTES ELIGIO PERDER A LO GRANDEHabía dolor, pero cero reproches. El final no fue el soñado pero no cabía ni el más mínimo cuestionamiento. ¿Se puede hacer casi todo bien y perder? ¿Es posible morir de pie y con la dignidad de los grandes? El Estudiantes del Emperador Juan Sebastián Verón confirmó la idea de que las copas son algo diferente. Esas copas que el pincha supo jugar y ganar como pocos ratificaron que las grandes diferencias las marcan los pequeños detalles.
Como queda claro todos los años ya sea en la Libertadores o en esta manoseada y desprestigiada Sudamericana, las copas se pierden de local y se ganan de visitante. Estudiantes lo experimentó en carne propia y más allá de la epopeya del Beira Río se quedo con las ganas de festejar ante Inter, que ganó la Copa en tiempo suplementario.
Astrada aprendió de los errores y armó un dispositivo táctico diferente para el choque decisivo. Tres centrales en el fondo, dos carrileros con frescura, tres mediocampistas mixtos y dos puntas. Salvo los primeros 20 minutos hasta habituarse al escenario y los últimos 15 en los que las piernas pedían piedad, el partido de vuelta ante Inter siempre tuvo el dominio de Estudiantes. Con conceptos claros, buena predisposición y excelente interpretación, los platenses sometieron al Inter y lo redujeron a un equipo ordinario. Tal vez por eso, el final lo encontró a D? Alessandro, muy recuperado desde lo futbolístico, saludando a sus rivales como sólo lo hacen aquellos que reconocen la nobleza y las buenas artes del adversario.
Los que sólo miran las estadísticas no serán convencidos de ninguna manera, pero a veces la forma vale tanto como el fondo. Habrá que internarse en el análisis para descubrir el soberbio partido que jugó Marcos Angeleri, futuro jugador de selección, recorriendo infatigable su andarivel con una fe y una potencia demoledora y casi héroe con un zurdazo apenas ancho que silenció por unos segundos a la torcida gaúcha. Habrá que mostrarle el video a Desábato para confirmarle que no perdió un solo mano a mano frente a los delanteros brasileños. Será necesario convencerlo a Alayes que su gol y su presencia en el área rival serán recordados por siempre a pesar de acariciar la copa con la mirada pero al final verla en manos ajenas.
Verón lo hará, él es capaz. Si su amor por los colores le permitió jugar el último mes infiltrándose de manera periódica, si su jerarquía lo eleva al nivel de ser el jugador más importante del fútbol argentino, cetro que sólo puede compartir con Riquelme, si su influencia contagia a sus compañeros al punto de hacer a los útiles valiosos y a los buenos todavía mejores, entonces podrá hacerles comprender que a veces ciertas derrotas caprichosas reconfortan tanto o más que algunas victorias casuales. El coraje de Juan Sebastián empujando a su equipo a pesar de sus limitaciones físicas y su resistencia a abandonar la cancha hasta ser casi obligado por su entrenador podrá presentarse como la síntesis del orgullo pincharrata.
Estudiantes completa un ciclo de dos años y medio comenzado por Simeone, extendido por Sensini y continuado por Astrada, que lo ha ubicado en un sitio de privilegio dentro del fútbol argentino. Protagonista de la última Libertadores y eliminado nada menos que por el campeón, segundo en la Copa Sudamericana, monarca del Apertura 2006, protagonista de todos los torneos domésticos y dueño de números asombrosos en condición de local, el León se transformó en uno de los equipos más confiables, sólidos y parejos del fútbol argentino.
Tal vez por eso no había lágrimas, quizás por eso no había drama. A veces el fútbol presenta estas contradicciones y la historia está repleta de páginas como la de Porto Alegre. Estudiantes trastabilló, pero no cayó; terminó dolido, pero no vencido. Su gente, amante del resultadismo, sabrá que el segundo no siempre es el primero de los últimos y eso también permite andar por la vida con el orgullo intacto y con la frente bien alta.
ROMAN IUCHT
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1077660&pid=5478719&toi=6282